Turquía desde el otro lado de la pantalla

Tienda de carteles luminosos en Estambul.

Tienda de carteles luminosos en Estambul.

Si hay algo que miran los turcos es fútbol y series. Y no estoy hablando de Games of Thrones, The Big Bang Theory o Breaking Bad. Mientras en otros países Fox pasa los Simpson, Padre de Familia y series americanas, en Turquía tiene su propia programación local, con series producidas en Turquía y hasta un magazine matinal.

Un extranjero que viaje va a tener que hacer zapping por cientos de cadenas locales e internacionales en turco antes de poder conseguir algo en inglés, si es que lo consigue. Es que por un tema cultural, de lenguaje, de costumbres, así como por un tema de mercado, en tierras otomanas se consume contenido propio.

Los superpolicías americanos con tecnología del futuro para capturar a los más rebuscados criminales y las narrativas posmodernas no son tan familiares como los dramas amorosos y las comedias en las que los personajes típicos del día a día aparecer retratados, con problemas cotidianos, expresiones propias y un contexto reconocible.

La producción de contenidos televisivos en Turquía siempre fue grande. Y eso también incluye el cine, que en taquilla compite con las megaproducciones de hollywoodenses. Pero en los últimos años la industria ha tenido una explosión que ha llevado las telenovelas más populares a diferentes países. Tanto de la región, como de rincones tan lejanos como Uruguay.

Hoy, las imágenes del Bósforo, el té, los palacios, las mezquitas y los sultanes pueden verse en las pantallas de varios lugares del mundo. Pero las “series”, como las llaman ellos, no solo muestran los rasgos más icónicos de esta cultura, sino que también son el reflejo de la sociedad que las las produce, las consume y, ahora, las exporta. Visto desde lejos, puede pensarse que alguna de las situaciones que se ven son parte de la ficción, pero, de hecho, muchos de esos juegos de roles y estereotipos típicos de las novelas forman parte del día a día, de su pensamiento y su cultura.

Los nenes con los nenes y las nenas con las nenas

No es ninguna novedad en ninguna sociedad del mundo. La equidad de género es una utopía aún, pero en la sociedad turca la división de roles sigue siendo muy marcada. Ni siquiera forma parte de lo políticamente correcto decir que la desigualdad es, al menos, injusta. Decir que hombres y mujeres deben ser tratados de forma diferente es lo más natural, para la religión, para la política, para el señor de pie y hasta para más de una feminista.

Últimamente el tema de la violencia de género ha empezado a discutirse en la sociedad turca raíz de algunos acontecimientos que fueron noticia. Además, es un tema frecuente en las telenovelas. Sin embargo, esa problemática no es tratada desde la desigualdad de género, sino desde la no violencia hacia la mujer. Matiz que no es tan matiz, y si no pregúntenle a Lipovetsky.

El hombre en la idiosincrasia turca ocupa la posición de guía, del trabajo y de la seguridad. La mujer, en cambio, es la encargada de criar a los niños, la sentimental, la impulsiva. Y en el amor, la mujer sueña con encontrar su príncipe azul que le de rumbo a su vida. Ese hombre firme que genera admiración, que siempre tiene el rumbo claro y no tiembla en hacerse cargo de tomar decisiones.

Parece la descripción de una historia de amor novelesco, clásico y pasional. Como el amor de las telenovelas turcas. Pero eso no es solo drama y guión. Así es como los turcos ven el amor, padres que se meten en la relación y escenas de celos en las calles. El amor real se parece bastante al de las telenovelas.

Hombres de familia

La familia  turca es muy grande. En idioma turco, el árbol genealógico crece con más ramas que el de la lengua española. No es lo mismo ser hermano que hermano mayor; ser tío que ser tío mayor por parte de madre. Y eso en el lenguaje cotidiano también está presente. La familia, en la cultura turca, está por encima de todo.

Como dicen que existía en el Uruguay de antaño, los mayores importan. Y no mayores en el sentido de anciano, sino de mayores de edad. Si alguien es mayor que uno, merece más respeto. No importa si son tres meses, cinco años o cuarenta.

De hecho, si se le habla a un desconocido en la calle, hay que fijarse si es hombre y mujer, en primer lugar, y luego si es mayor o menor que uno, en segundo lugar. En base a esa especulación, se lo debe llamar según el parentesco familiar que más se parezca: hermano, hermana, hermano mayor, tía, etc. Porque en Turquía todos se tratan como si fueran parientes.

De más está decir que el más respetado de todos es, por supuesto, es el hombre con mayor edad. Y eso funciona no sólo en la estructura familiar, sino en todos los ámbitos de la sociedad. Como dicen ellos, esa persona  “es el hombre”.

La tierra de sultanes

La tierra de los sultanes parece funcionar con es estructura en todos los sentidos. En las familias, el que manda es el padre. En las empresas, nadie cuestiona al director. Es que ser director, en Turquía, es una profesión en sí misma. Los “directores” son considerados una profesión. La gente estudia para ser director de algo y la mayoría sueña con eso.

Ser director significa tener mayor libertad de decisión, tener un buen sueldo asegurado y, en la en mayor de los casos, no trabajar demasiado. Como si de ser empleado público en Uruguay se tratara.
A pesar de que el último emperador cayó hace casi cien años, Turquía sigue funcionando en base al sultanato. No como organización política, sino como organización de los poderes jerárquicos en la sociedad. Cada director tiene su propio sultanato, y lo que haga el director no puede cuestionarse a menos que haya otro por encima. Tenga pies o cabeza. Después de todo, es el director.

* * *

Esta nota fue originalmente publicada el 8 de agosto en el diario El Observador (Uruguay), acompañando a esta nota sobre el fenómeno de las telenovelas turcas en Uruguay.

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