Eid al-Adha, Kurban bayram, o la Fiesta del Sacrificio

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Un cordero espera a ser comprado en el parking/góndola de un supermercado.

Por estos días en Turquía se celebra una de las fiestas religiosas más importantes del año: la Fiesta del Sacrificio. Lo que más llama la atención para los que no la conocen es, justamente, la parte del sacrificio, porque la festejan sacrificando un animal, generalmente un cordero o una vaca.

Todavía recuerdo hace un año cuando en una noche de setiembre estaba por el centro de Esmirna y ví a unos perros jugando con la cabeza decapitada de un cordero. La imagen, un poco aterradora, pasó desapercibida para los locales. Ellos ya están acostumbrados a que por estas fechas las doñas agarren a cuchillazos a los corderos y que los restos aparezcan en los tachos de basura, que luego son aprovechados por los canes hambrientos.

Incluso algunos días antes de la festividad, supermercados grandes cierran parte de su parking y ponen ahí vacas y corderos (vivos) para que la gente los elija y se los lleve para darle hacha (y olla) en la Fiesta del Sacrificio.

Pero dejando la parte del morbo de lado, ¿de dónde viene todo esto de matar animales? Viene de Dios, por supuesto. La tradición de sacrificar animales viene de un pasaje del Corán, también presente en la Biblia, en el cuál Abraham (Ibrahim) va a sacrificar a su hijo Ismael como muestra de obediencia, pero el Barba le dice: “Pará, flaco. Me parece un poco mucho”, y en su lugar termina sacrificando a un cordero como forma de agradecerle. Bueno, en realidad esta es una versión pop de lo relatado porque la verdad es que nunca leí ni la Biblia ni el Corán, pero se entiende. Me disculpan la ignorancia los creyentes.

La idea es que una vez por año, en esta festividad, los musulmanes sacrifican un animal y lo comen como muestra de sumisión a Dios. Muchos lo matan con sus manitas y otros pagan por el animal para que alguien encargado de ello lo sacrifique y con él se alimente a personas necesitadas, sin necesidad de fregar el jugo de frutilla que desprende el animal al ser sacrificado. Dice la tradición que el animal debe ser dividido en tres: una parte para la familia, otra para los vecinos y familiares, y otra para darle a los más necesitados.

Es en esta época también en que se dan las mayores peregrinaciones a La Meca, y donde uno ve a toda la people musulmana dando vueltitas alrededor de un cubo con escrituras en árabe (esa es la Meca). También es cuando uno más se entera de su existencia desde países no musulmanes, porque como la muerte vende, por la cantidad de gente y la emoción de querer estar en la casa de Mahoma -la mayoría paga miles de dólares por ir- a veces se dan estampidas. Y a los noticieros les encanta el chocolate.

En el caso particular de Turquía lo viven de maneras muy diferentes. Los muy religiosos lo toman de verdad como una festividad para estar simpatía con Dios, van a rezar a la mezquita y participan de las oraciones, otros lo toman como un momento de sensibilidad especial para estar con seres queridos, y otros lo toman simplemente como unas vacaciones, porque es feriado nacional durante cinco días.

Si vale la analogía, a grandes rasgos se podría decir que es la hermana musulmana de la Semana Santa. La similitud entre la Semana Santa y la Fiesta del Sacrificio son varias, porque es una semana de vacaciones cuando el verano está terminando, y en la que el turismo interno en Turquía aumenta considerablemente y las ciudades se apagan. Acá no llega el último ciclista, pero las escuelas y las universidades no empiezan a trabajar hasta que se degolló al último cordero. Y en las oficinas el espíritu debe ser más o menos el mismo.

En los últimos años también ha aparecido un movimiento de “celebremos la Fiesta del Sacrificio pero no matemos a los pobre animales”. Pero seguro que la gente que vive en ciudades kurdas en guerra civil y con los fuegos artificiales explotando del otro lado de la frontera en Siria están muy estresados por el pobre animal. Por suerte como en Uruguay ya asumimos que la Semana Santa no es una festividad religiosa sino simplemente una excusa, no hay piedad con las vacas ni vegano que valga. Después de todo, lo que los veganos no saben es que si no nos las comemos, las vacas nos van a terminar gobernando.

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